Mi salvación tiene varios componentes, algunos de ellos son eternos, otros temporales. Mi salvación cuenta con una sobredosis de amor, algo que quizás no estuve acostumbrado. La vida para mi era simplemente algo que había que vivir, nada más; con objetivos, metas, sueños, esperanzas e ilusiones, nada más.
Y es que se me enseñó que debía adquirir conocimientos para vivir, que debía elegir mi destino en función de lo que debía hacer de "grande", de mayor, de edad pues. Se me programó que debía funcionar, que debía producir, el sistema me arrinconó a que debía hacer las cosas para luego obtener. Desde allí, mi vida comenzó a competir entre si misma, entre lo que debía hacer y lo que quería ser. No siempre, estas dos estaban de acuerdo. Pero crecí convencido que haciendo y teniendo eran sinónimos......que gran mentira!
Hasta que llegó mi salvación, que me hizo comprender que lo importante no era hacer ni tener, que lo importante era SER.....y aquí es que surge el interrogante existencial más grande de todos, de hecho, si no es contestado correctamente, se puede vivir creyendo que todo se basa en hacer y tener. La pregunta capciosa y caprichosa es: ¿Quién Soy?.......sumado a ello surge ¿Quién dice la gente que soy? ¿Qué digo yo mismo de quien soy? y así sucesivamente.
Mi salvación me hizo entender que no importa cuanto haga y tenga, eso es temporal; que los tesoros en el cielo son los que verdaderamente importan. Lo demás es pasajero y efímero. Mi salvación me hizo abrir mis ojos a una realidad terrible, que a los míos no les importa realmente cuanto tenga y cuanto haga, a ellos les importa quien soy, esa es su seguridad.
SOY esposo primeramente, luego SOY padre, y es ese orden el efectivo, no al contrario como muchos piensan, no. Cuando veo la mirada cómplice e indiscreta de mis dos hijos cuando beso a su madre frente a ellos, reafirmo lo antes dicho. A ellos, les convence que ame a esa mujer en su presencia y que los ame a ellos mas que al trabajo.No al revés, jamás. A ellos les convence mis acciones, no mis palabras, mis palabras son temporales y efímeras. A ellos les convence que yo tenga claro quien soy.
Entonces, mi salvación es real, no mítica. Mi salvación sobre todo me confirma la mayor de la verdades, por lo menos para mi: SOY un hijo de Dios.......que privilegio! Por tanto, no importa cuanto haga o cuanto tenga, lo que importa es quien soy. Eso me hace feliz. Y la felicidad es lo que importa, no? Lo demás es temporal y efímero. Mi salvación lo componen Dios en primer lugar, luego mi familia, mis amigos, mi música.
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