martes, 13 de octubre de 2026

¿Estamos interesados en transformar una realidad o en demostrar públicamente que estamos del lado correcto?

Con respecto a la posición de ciertos músicos sobre plantarse o no en el escenario para mostrar su posición política, surge una contradicción en estos días de sociedad líquida: confundir el pronunciamiento público con el compromiso real.

Y aquí hay una distinción fundamental para el debate: una cosa es la expresión política a través del arte y otra es el activismo político explícito del artista. Considero que un músico puede componer canciones contra la guerra, la corrupción, el autoritarismo, la desigualdad o los abusos del poder sin sentirse obligado a subir a un escenario para explicar su posición frente a un gobierno, un presidente o una corriente ideológica.

La canción ya constituye una forma de expresión y de posicionamiento crítico. No necesita necesariamente un discurso adicional para legitimarse. En el caso actual de James Hetfield de Metallica sobre su renuencia a dar discursos políticos en sus conciertos como otros "influencers" y la cancelación del mismo por muchos "indignados" del rock, puedo pensar en que canciones o quizás todo el disco "And Justice for All" cuestiona la corrupción de la justicia; "Disposable Heroes" del MOP aborda la instrumentalización de los soldados en la guerra; o la misma "One" expone las consecuencias devastadoras de un conflicto bélico. Son obras con un contenido social y político evidente, pero no obligan a James Hetfield a convertirse en comentarista político durante sus conciertos. 

Ahora bien, también es legítimo que otro artista decida pronunciarse abiertamente. La contradicción aparece cuando pretendemos convertir una de esas decisiones en una obligación universal. Y aquí creo que se puede plantear una pregunta para un debate más profundo: 

¿Queremos artistas con pensamiento propio o artistas obligados a demostrar públicamente que piensan como nosotros?

Por otro lado, creo finalmente que Hetfield es de la escuela de pensamiento del fallecido Lemmy quien tenía una visión sumamente crítica, directa y de total desprecio hacia los políticos y la política en general. Lo grave para mí es ver hoy en día a rockeros defender políticos o ideologías políticas y defenderlas con palos y piedras. Lemmy no estaría orgulloso de tales rockeros. Lo siento. 

martes, 22 de septiembre de 2026

¿MACHALA CAPITAL MUNDIAL DE LA RESISTENCIA?

Hace unos días me preguntaron por qué una camiseta decía: “Machala, capital mundial de la resistencia”.


Mi respuesta corta fue: “Si tengo que explicarte por qué somos resistencia, quizás no entiendes nada”.

Pero después lo pensé mejor.

Quizás el problema es justamente ese: que no estamos entendiendo.

Porque Machala ha resistido mucho.

Ha resistido malos gobernantes, promesas incumplidas, políticos cuestionados y autoridades que llegaron hablando de servicio, pero terminaron entendiendo lo público como una oportunidad personal.

Y lo más peligroso es que hemos resistido tanto, que a veces parece que también nos hemos acostumbrado.

Y yo me resisto a acostumbrarme.

Me resisto a creer que nuestra máxima aspiración cultural sea convertir a Machala en una pequeña Miami.

Y no porque Miami tenga algo de malo.

Pero, ¿de verdad esa es nuestra aspiración identitaria?

¿Parecernos a otra ciudad?

¿Llenarnos de edificios, luces, centros comerciales y creer que eso, por sí solo, significa identidad o desarrollo?

¿Dónde queda lo nuestro?

Nuestra historia.
Nuestra memoria.
Nuestra cultura.
Nuestra gente.

Me resisto a creer que eso sea todo lo que podemos imaginar para Machala.

Me resisto también a una sociedad donde alguien convierte sus conflictos personales o familiares en espectáculo y termina convertida en influencer.

Donde una marca, empresa o institución parece encontrar más valor en el escándalo que en el talento, el trabajo o el aporte real de una persona.

¿De verdad esa es la influencia que queremos premiar?

¿El escándalo se convirtió en mérito?

Me resisto a eso.

Me resisto a seguir romantizando esa vieja frase de: “Robó, pero hizo obras”.

Como si hacer obras fuera un favor.

Como si administrar correctamente el dinero público fuera opcional.

Como si debiéramos agradecer que una parte de nuestros propios recursos vuelva convertida en cemento.

Me resisto a normalizar que alguien llegue a la política con una realidad económica determinada y, después de pasar por una institución pública, aparezca rodeado de un patrimonio que genera preguntas.

La función pública debería ser eso: servicio público.

Servir a la comunidad.
No servirse de ella.

Me resisto a olvidar esa diferencia.

También me resisto a vivir con miedo. A mirar hacia atrás cuando caminamos. A pensarlo dos veces antes de salir de noche. A preocuparnos permanentemente por nuestros hijos. A escuchar disparos, asesinatos, extorsiones y violencia como si fueran parte normal del paisaje.

Y peor todavía, a escuchar frases como:
“Es que se están matando entre ellos”.

¿En serio?
¿En qué momento dejamos de asombrarnos?
¿En qué momento una muerte dejó de importarnos porque supuestamente no era “de los nuestros”?

Me resisto a esa indiferencia.

Me resisto a creer que para progresar en esta tierra hay que destruir al que está al lado.

Que para subir yo, alguien necesariamente tiene que bajar.

Que tener trabajadores o colaboradores significa tratarlos como peones.

Que el éxito se mide por cuánto poder podemos ejercer sobre otros.

No.

El verdadero progreso debería permitirnos crecer sin perder humanidad.

Me resisto a creer lo contrario.

Y también me resisto a pensar que debemos temer más a los hombres que a Dios.

Los gobiernos pasan.
Los cargos terminan.
El poder cambia de manos.

Pero quienes creemos en Dios sabemos que existe una responsabilidad mucho más profunda: vivir con integridad delante de nuestro Padre celestial.

Cuando pienso en eso, pienso en mi abuelo, Saúl Timoleón Pazmiño.

Ejerció varios cargos públicos y terminó sus días viviendo con sencillez.

Porque entendía algo que hoy necesitamos recordar: se llega al servicio público para servir a la comunidad, no para servirse de ella.

No digo que antes todo haya sido perfecto.

Nunca lo fue.

Pero sí creo que existen valores que no deberíamos permitir que desaparezcan: la palabra, la honra, la decencia, el servicio y la responsabilidad.

A perder eso también me resisto.
Entonces, ¿por qué “Machala, Capital Mundial de la Resistencia”?

Porque hemos resistido.
Pero también porque todavía necesitamos resistir.

Resistir la corrupción.
Resistir la violencia.
Resistir la indiferencia.
Resistir la mediocridad.
Resistir la cultura del escándalo.

Resistir la idea de que desarrollarnos significa dejar de parecernos a nosotros mismos.

Resistir la creencia de que para triunfar tenemos que pisotear a alguien.

Pero hay algo todavía más importante:

resistir no puede significar solamente aguantar.

Resistir también significa construir.
Crear.
Trabajar.
Educar.
Hacer cultura.
Recuperar nuestra memoria.
Defender nuestra identidad.
Servir con honestidad.

Y demostrar que Machala puede aspirar a algo mucho más grande que parecerse a otra ciudad.

Machala puede aspirar a encontrarse consigo misma.

Por eso me resisto.
Porque todavía creo en esta tierra.
Porque todavía hay gente buena trabajando todos los días sin cámaras, sin escándalos y sin discursos.

Porque todavía existen artistas, comerciantes, emprendedores, trabajadores, profesores, jóvenes y familias que siguen construyendo.

Y porque mientras existan personas capaces de decir:
“Esto no está bien y no quiero acostumbrarme”, todavía habrá resistencia.

¡Viva Machala, Capital Mundial de la Resistencia!

#SomosArteyCultura
#SomosResistencia

domingo, 21 de junio de 2026

PAPITO (Carta de mi hijo José Adrian)

 Papito 

Feliz día papito, espero que la hayas pasado muy bien, te amamos muchísimo, y hoy es un día muy especial para recordar todo lo que has hecho por nosotros tus hijos, esposa, amigos y todos quienes te rodean. Muchas gracias por ser mi ejemplo a seguir, gracias por heredarme tu humor, tanto lo bueno como lo malo, gracias a ti aprendí a reírme de las cosas que antes me afectaban o me enojaban, ya que una de las mayores cosas q he aprendido de ti es reír cuando las cosas van mal, aceptar que aunque todo parezca perdido la fe y la alegría pueden cambiar el panorama, obviamente he presenciado que no siempre es así, siempre lo malo en algún momento acapara la mente y la nubla por completo, pero al final del proceso la felicidad vuelve para recordar que si todo fuera alegría y risa la vida no tendría sentido, es necesario pasar por malos momentos para finalmente reír ya que esa risa de plenitud y calma vale cada momento de sufrimiento. 

Eres un ser de luz y mi apoyo en todo momento, tengo la dicha de poder decir que me parezco mucho a ti, aunque no quieras admitir q físicamente también, pero en lo mental me encanta seguir tu ejemplo y filosofía de vida. Siento que la vida sería más amena si las personas fueran más como tú, con tu habilidad para perdonar, alegrar, reír, conversar y sobre todo interpretar los momentos, eres una sensación de calma en la tormenta, pero sobre todo amo y admiro tus defectos, porque hasta tus defectos son dignos e interesantes, tus enojos minuciosos, estrés por desorden, sobrecarga emocional, y probablemente también copie el defecto del encierro, de creer que podemos solos, que no necesitamos un apoyo o que simplemente preferimos la carga sobre nosotros más que en las personas que amamos para así ciegamente pensar que no haremos más daño del que creemos ya causar y siento que ese defecto en ti, tal vez valga mucho, porque es un espejismo de lo que un día te tocó pasar o de lo que no ha sanado aún, aunque no debas y no necesites, decides cargar un peso para que los demás no lo hagan, te sacrificas en silencio por quienes amas aunque eso te haga daño y es justo en eso, en lo malo, en lo profundo, en lo que nadie se fija, es ahí cuando se puede ver la parte más pura del alma, en el sufrimiento se ve el reflejo de ese niño que asimilo y le tocó cargar un peso que no pidió cargar, que lo forzaron a ser algo que él no quería, o que tuvo que aguantar para así no hundirse y por fin poder flotar, así que los “defectos” son realmente defectos o son la parte más pura del alma y el reflejo de la dureza de la vida que no perdona edad ni condición, estos demuestran la humanidad y la lucha interna que nunca termina, defectos que te hacen ser quién eres y que no hay que cambiar porque como dije en la analogía de la felicidad y el sufrimiento, una persona sin defectos sería rara y nadie confiaría en ella, los defectos de una persona lo hacen ser quien es, a veces más que las cosas buenas, es la esencia y el valor imperdible de cada persona. 

Me fui un poco del tema, pero lo que quería decir es que admiro todo de ti, no hay parte que no acepte o no ame, no hay defecto o afecto que no valore, y no existe forma alguna de que en esta vida te deje de amar con la fuerza que lo hago, eres mi héroe, mi ejemplo y mi vida entera, te convertiste en la persona que más me entiende, mi cómplice cuando se debe y mi apoyo cuando no puedo más. Te amo osito, feliz día.

martes, 30 de mayo de 2023

¿Culpables?

Mientras todos dicen "nadie es culpable de nada"
Dime si sonrío con la gravedad adecuada

Cantaba Fito y los Fitipaldis; en una especie de grito libertario hacia algo que se ha hecho costumbre: Nadie es culpable, hoy en dia. Mañana también. Es que la simpática voz de la excusa y la justificación es bienvenida ante la mirada reprochable de la culpa, claro ¿quién le gusta sentirse culpable por algo? peor por algo que "no se ha hecho". ¿No se ha hecho? A ver, por supuesto que a estas alturas el pensamiento fugaz es que lo que hacemos es el esfuerzo cotidiano para ser mejores y bla bla bla. ¿Culpable? De nada, si soy buen dato, trabajo duro, soy buen padre de familia y buen hijo; y como no, casi un ciudadano modelo. Culpable los corruptos que se sientan a legislar basados en la conveniencia de los bolsillos de una bancada ideológica en particular. Culpables los políticos....pero así mismo, como cantaba El Puma Rodrigues: Culpable soy yo!

Una opción que sucumbe un alma endeble

De pequeño, siempre me llamaron la atención todo lo que tenía que ver con la acción, la música y el terror. De allí mi fascinación a las películas de acción y terror, y el rock. De muy chico comprendí, que la vida es más que acumular bienes y conseguir cosas, aunque la música que he escuchaba por ese entonces declamaba el estatus de rock star (fama y fortuna); pero sabía que eso había llegado como consecuencia y no como el anhelo desinhibido de conseguirlo por parte de los ejecutantes. 

Creí por un tiempo, que la vida sólo se trataba de patear, dar puñetes, asustarse, rockanrolear y seguir adelante. Era muy ingenuo. Lo sé. Hasta que de lo oscuro de mi alma, me cansé de vivir la acción, comenzó a reclamar las ansias de dinero y éxito, tan anhelado. Pero en una vorágine de deseos y anhelos por cumplir, comenzó una lucha interna de saber quien soy, para que estoy aquí. El cristianismo que había abrazado desde los 18 años, luego de vivir una fuerte adicción a las drogas y alcohol siendo apenas un joven adolescente; se había convertido para mi en una religión, la que tantas veces había rechazado en el pasado. Comencé a cuestionar y dudar de la misma existencia de Dios, la oleada "atea" de nuestros tiempos me había alcanzado; allí estaba yo, sin descubrir quien soy y para que estoy. Negocios fallidos, trabajos frustrados, anhelos a pique e inseguridad laboral y económica tenaz. La vida me estaba demandando algo, quería que descubra quien soy y para que estoy. Y justamente allí, cuando aparecen los demonios del alma que sucumben a turbias negociaciones con el corazón, para simplemente dejarlo todo. dejar la existencia. Morir, se convierte simplemente en la única salida. Quizás las más cobarde de las salidas; sin embargo, es una opción.  

lunes, 11 de julio de 2016

ESTOY DETRÁS DE TI

Te  aconsejaría que ¡Corras!, te preguntaras ¿Por qué? o ¿Para qué? , te diré; yo soy el que duerme contigo todas las Noches, el demonio que se encuentra en tus sueños y los forma en Pesadillas, soy el que mira cada movimiento que realizas, seguramente estoy contigo en este preciso momento, pero tranquilo no te inquietes, porque yo percibo tus miedos…..quizás sigues sin recordarme, te daré otra pista.

Soy estatura promedio, tengo ojos, pero demasiados profundos, tengo una enorme boca suficiente para tu tamaño, llevo las almas de mis victimas en una maleta  roja como el rubí, teñida con las manos más bellas del pueblo, y con lágrimas, sangre y  miedo, escurriendo de ella. Espero que con eso me recuerdes…. ¿No?,  pues te contare mi historia.

Me encuentro en un pequeño pueblo al sur de Roma, donde el día es tristeza y la noche eterna, donde hay miedo, donde la gente no tiene salida. Amaba ese pueblo, era ideal, la mayoría de veces deambulaba por las noches y veía como los alcohólicos salían de los bares, veía como católicos salían de la iglesia, veía  como la gente corría asustada, oía llantos en los hogares, pero siempre iba a su casa, a mirar lo que hacía, a oír lo que hablaba, a  leer sus pensamientos, si te preguntas ¿Quién es?

Ella era una dama, algunos la consideraban como la mujer más bella del pueblo, su cabellera de un color único como el tronco del árbol más lindo del bosque, sus ojos como dos esmeraldas que radiaban luz como estrellas en el cielo, su piel de seda y sus labios rosa pálidos dignos de besar. Su nombre era Marie Stuart. Se dedicaba a enseñar lengua española en una escuela, apartada del pueblo, la escuela se llamaba “El Pacifico”, pero no quiero hablar de eso ahora. Prefiero contarles que Marie tenía un secreto, el cual no lo revelaré tan pronto, solo puedo decir que ella tuvo una infancia muy abrumadora, decían que hablaba sola con “un tal espíritu”…. En realidad me encantaba conversar con ella; era una niña muy extrovertida. Nos encantaba jugar a  “Detrás de ti”, un juego que consistía en que ella tenía que vendarse los ojos y contar hasta diez, mientras yo me escondía y tenía que después que ella contara, aplaudir solo tres veces y luego tenía que encontrarme, y asi  pasábamos un buen de tiempo juntos.

Una mañana fría, Marie agotada con pocas ganas de ir a la escuela a enseñar, había percibido una extraña sensación. Marie percibió de pronto un fuerte dolor en el pecho, mas no sabía ni bien que era, solo sabe que pasó de un instante a otro. Preocupada sin rumbo se quedó en la casa, mientras llamó a una suplente para su trabajo. Marie se acostó en su cama. Al poco tiempo, escuchó que alguien tocaba desesperadamente la puerta, y ella corrió a revisar quién podría haber sido.
Al abrir la puerta, se encontró con una niñita. Esta estaba asustada y le dijo exaltada: ¡por favor, Déjame pasar!. Viene por mí- decía.
-¿Quién eres? Marie confundida le preguntó
La miró muy fijamente a sus ojos y le dijo: - Déjame pasar.
Marie asustada la dejó entrar a su casa, aunque no sabía quién era o porque aquella niña estaba ahì. Viene por mí, Viene por mí…. Decía la niña temblando de nervios.

Marie llena de pánico, lentamente, fue a su habitación, pues allí había dejado el teléfono y más quería a llamar a la policía en ese instante, sin embargo regresó con el teléfono en mano a donde había dejado a la niña, pero ella ya no estaba allí. Marie comenzó a buscar por toda la casa, al minuto estuvo en la parte de atrás  de la casa. Encontró a la niña muerta en su patio, angustiada en estado de pánico tomó a la niña  y la llevó al hospital más cercano.
Los médicos del hospital se llevaron a la niña para ayudarla; fue muy tarde, ellos solo confirmaron su muerte. Marie quedó abrumada.

Tres meses pasaron, y Marie sigue pensando en esa niña. Jamás supo que sucedió aquel día. Solo recordaba el gesto de angustia de aquella pequeña al pedirle auxilio. Un día de esos, Marie decidió ir al psicólogo pues no podía ni siquiera conciliar el sueño, la angustia y la culpa que sentía de no haber podido salvar a tiempo a aquella niña, la estaba enloqueciendo. La visita al médico le ayudó por un momento a superar su crisis de nervios.

Marie de regreso a casa va pensando que las cosas pasan por alguna razón. No sabía cuál era esa razón, pero sabía en el fondo que debía descubrirla. Al bajarse del auto, sintió un escalofrío en todo su cuerpo. Se volteó a mirar la carretera por donde vino y pudo reconocer la silueta de una niña. – Estoy loca, pensó. Inmediatamente siente que entre sus dedos una pequeña mano, Marie salta de susto y al regresar a mirar se da cuenta que la niña quien daba por muerta estaba parada a lado suyo. – Tengo hambre, expresa la niña. Marie espantada sale corriendo, tropieza con un objeto en el suelo que la hace perder el equilibrio y cae sobre unas plantas desmayada. Horas más tarde, al abrir sus ojos, Marie se puede dar cuenta que la niña todavía estaba allí. La miraba fijamente con una cara angelical. Marie sintió una mezcla de paz y terror en esa mirada, toma a la niña de la mano y la lleva a su casa.
-¿Quién eres? Le pregunta Marie a la niña,  aun confundida por el incidente y por la reciente aparición.

Ella no le contesta si no le muestra una foto, con su dedo apunta a una niña, mostrándose así misma, y con tiza roja sangre, tacha a los dos señores que la rodeaban, Marie al momento la abraza con todas las fuerzas y  le invita a quedarse en su casa hasta encontrar alguna explicación a lo que estaba sucediendo, la niña le estrechó la mano y le dijo -Soy Emily mucho gusto. Marie sorprendida le da la mano.

Al día siguiente, apenas Marie regresó a casa, se dio cuenta que Emily ya no estaba. Llamó apresuradamente a emergencias. Del otro lado del teléfono una voz la interrumpe y le dice repetidamente: Marie ¿mataste a tus padres?.... rápidamente cuelga la llamada. Toma su bolso y decide volver a la escuela, quizás Emily decidió irla a buscar allá. Al entrar a la institución, un ambiente frio y pesado comienza aparecer escalofríos en su cuerpo, en ese momento, uno de sus estudiante le interrumpe  bruscamente preguntándole: -¿Por qué mataste a tus padres?
-¿Quién te dijo eso? Marie exaltada pregunta.
- Ese señor. Dijo el niño, apuntando a una sombra oscura.
Marie desesperada agarra al niño, le pega y grita: -Te largas a dirección.
Marie lo lleva a dirección. El niño completamente asustado empieza a llorar sangre. La sombra o espectro empezó a seguirlo.

Marie continúo buscando a Emily, llena de miedo decide regresar a casa.
Marie siente que una sombra oscura, algo como un espectro la persigue, solo desea regresar a casa. A través de la ventana de su auto puede ver que Emily enojada está fuera de su casa golpeando repetidamente la puerta.
-¡Déjame pasar! Grita Emily
- ¿A quién le gritas? Bajando del auto, pregunta Marie.
-A ese señor, no me deja entrar. Dijo Emily enojada.

Marie confundida abre la puerta y pregunta. - ¿Quién es? De pronto una sombra oscura como la noche, un espectro con la mirada más profunda sale al encuentro de ambas. Marie intenta alejar a Emily, pero ella lo evita, y camina hacia la sombra. Marie se dirige a su cuarto toma de su velador una foto que allí tenía. Comienza a llorar tristemente, pues  hasta ahora no puede creer que aquellas dos personas que están junto a ella en esa imagen, pudieron ser arrebatadas violentamente de su lado cuando era niña, llena de odio no puede dejar de culpar aquella sombra, por obligarle a hacer lo que nunca quiso. La sombra siempre estuvo en ella, duerme con ella todas las noches como un demonio que aparece en sus sueños y mira cada movimiento que realiza. El espectro tiene  estatura promedio con ojos profundos y una boca suficiente para su tamaño. Lleva  las almas de sus padres quienes fueron víctimas en una maleta roja como el rubí, teñida con las manos más bellas del pueblo y con lágrimas, sangre y  miedo escurriendo de ellas. La sombra ahora es clara. Tiene el rostro de Emily, Emily Benini. La que un día decidió ocultar su pasado y decirle al mundo que era Marie Stuart la profesora de lengua española del colegio “El Pacifico” ubicado en un lugar en donde el día es tristeza y la noche eterna, donde hay miedo, donde la gente no tiene salida. …¿Ahora me recuerdas? Estoy detrás de ti……


Danna Pazmiño Encalada

sábado, 31 de octubre de 2015

EL VIAJE DE DUMAS

EL VIAJE DE DUMAS


Por: Donnis Pazmiño Romero

I parte - Horror en un fin de semana de 1996 

Despertó en la mañana de un domingo. Ni si quiera recordaba el día y el mes exacto, pues el dolor de cabeza, malestar y estragos de una noche extraña aún perturbaban su mente al solo recordarlo. Lo cierto, es que al abrir sus ojos encontró a 5 pares de ojos mirándolo fijamente, casi que sin poder pestañar menos pronunciar palabra, aparentemente se mostraban horrorizados, sus rostros notaban expresiones de asombro, duda, miedo, incredulidad, se percibía la sensación que una fatídica noche había sido la compañera unas horas antes. Se sentía un ambiente pesado y lúgubre. No tenía ni la más remota idea de lo que le había ocurrido, pero la sola sensación de querer levantarse hizo efecto en varias partes del cuerpo, los mismos que estallaron al unísono: manos, boca, piernas y cabeza. Solo atinó a quejarse y gritar. Inmediatamente trató de reincorporarse y al alzar brevemente la cabeza pudo comprobar que su camiseta estaba llena de sangre y el colchón en donde yacía tendido estaba casi que despedazado; levemente pudo  divisar que muchos de los trozos del mismo estaban por algunas partes de la habitación. Surgieron por supuesto algunas inquietudes: ¿Qué había pasado? ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué tenía sangre en las manos? ¿Por qué duele tanto el rostro y cuerpo? Fueron dudas que inmediatamente le invadieron. Por un instante, pensó, que había sido parte de alguna pelea o algo así, aunque lo hubiese recordado! Sin embargo el ambiente tétrico de esa mañana estaba apuntando que otra cosa había pasado, algo que hasta ahora puede o no tener una explicación lógica, lo cierto es que, por mucho, fueron los 2 o 3 minutos más largos de toda su vida y una desesperación por encontrar respuestas a todas esas dudas, y los testigos serían los que luego las aclararían.

Hace dos días atrás, en una suerte de ocurrencia juvenil disfrazada de encontrar un futuro promisorio para sus años universitarios venideros, Dumas pidió permiso a sus padres para ir a Quito; pues requería conocer el estado de las carreras y pensum universitarios. Hace algunos meses atrás había terminado su colegiatura. Natalia, su amor juvenil, había partido hacia aquella ciudad en búsqueda de su padre y su futuro. Aquella partida era algo que Dumas siempre supo. Aunque en el fondo, no es lo que se espera que suceda, pues es preferible dejar aquella información en lo profundo del corazón, allí donde el tiempo se encarga de hilar fino para luego tejer muchas veces las amargas experiencias de la vida. Aquel era un tema que nunca saldría a flote en la conversación de ambos. El ni siquiera permitía a la imaginación hacer uso del recurso de la distracción, pues voluntariamente decidió hacer del tema algo que nunca sucederá. Solo dejar al tiempo que sea el encargado de aniquilar con su asombro: el presente. Finalmente el día llegó, Natalia se fue y Dumas se quedó. A partir de ese día, Dumas comenzó un proceso de adaptación con la soledad, algo que no había ocurrido desde 3 años atrás. Tal situación generó cansancio anímico, tristeza. Dumas estaba literalmente distraído, estaba agobiado, estaba frustrado. Había hecho del tiempo su aliado a la hora de buscar sentido a su vida, manifestaba insatisfacción en la satisfacción de cumplir lo que promovía la cultura en que creía: "Sexo, drogas y rock and roll", él quería nuevos vientos de libertad que le ayudasen a salir de su encierro. El viaje planeado era la excusa perfecta aunque sabía que mentía. Lo importante era salir para quizás comenzar de nuevo, estaba listo para la Capital.

Los padres de Dumas alegremente accedieron al ver su disposición a continuar sus estudios. Ellos no imaginaron nunca, que ese viaje cambiaría su vida para siempre. Por supuesto, lo que menos hizo Dumas en dicho viaje fue ejecutar la propuesta planteada a sus resignados padres, ni muchos menos buscar su amor de juventud. 

Esa misma noche, a medianoche, junto a cinco amigos, tomaron camino rumbo hacia Quito. Recuerda la rapidez con que viajaba el chofer del automóvil y la densa niebla que había en el carretero. Luego de 8 horas de viaje, ellos estaban en su destino. "I guess there is no one to blame. We're leaving ground (leaving ground). Will things ever be the same again. It's the final countdown... The final countdown Ooh", sonó en las bocinas del alto-parlante del auto, un programa de la principal radio de la ciudad los recibía con una buena dosis de rock en la voz de Joey Tempest. “Comenzó la cuenta regresiva", pensó Dumas, mientras se asombraba mirando por la ventana el paisaje en el cual Quito era la protagonista. Quito se mostraba como la ciudad imponente que era. Para él, Quito venía a ser una metrópolis comparada con su pequeño pueblo Machala, en donde las calles eras aún sin lastre y en pleno invierno se inundaba todo, saliendo a flote la basura encaramada en los rincones de las casas, esto tapaba las pocas alcantarillas que estaban servibles en el pueblo. Dumas no encontraba placer en mirar aquel panorama casi todos los días. Dumas en el fondo huía de eso.

La primera parada fue en el departamento del hermano de un amigo compañero de viaje. Allí descargaron no solo sus maletas, sino también todas sus energías, pues las ganas de aprovechar cada minuto de su estancia en Quito eran vitales para el grupo. No se iban a detener por nada. Saludaron y se abrazaron efusivamente. Luego se les dio paso gentilmente al uso de las habitaciones y los espacios del departamento el cual no era muy grande, pero para Dumas y sus amigos era perfecto. Los huéspedes auguraron al anfitrión un fin de semana sin precedentes, pues también estaban allí para distraerlo, ya que este se mostraba cansado de tanto estudiar las tediosas materias que su carrera ocupaba. Roberto había elegido estudiar Medicina, que para la época era un orgullo para los padres y por supuesto cubría una demanda insatisfecha en Machala que estaba plagada por médicos que había hecho de la profesión un negocio muy lucrativo aprovechándose de los más pobres. Roberto quería terminar con eso. El estaba empecinado en terminar sus estudios y lo manifestaba en el ánimo con el que hablaba de sus recientes experiencias universitarias. Curiosamente, poseía algunos fósiles para la realización de sus estudios prácticos. Los fósiles estaban debajo de la cama de Roberto, los mismos que sacó del lugar y mostró al grupo a manera de transmitir los conocimientos adquiridos en su reciente carrera médica. El chofer del automóvil interrumpió la exposición y tomó uno de esos huesos. Antes de entregárselo en las manos de Dumas, sentenció: "Reza algunos padres nuestros, y el dueño del hueso, te concederá protección y buen augurio". Explotó Dumas con un aire de incredulidad y expresò: "No me jodas, Rosendo". Rosendo no se mostró feliz con ese desaire. Tomó el hueso del suelo donde había caído, y se lo colocó en la chaqueta a Dumas. Dumas frunció el ceño y aceptó tal gesto. 


A partir de allí, todo el grupo de amigos subió al automóvil rumbo a la aventura. Quito se mostraban espléndida, sus calles, sus avenidas, sus museos, su centro histórico, sus monumentos, su cultura, su norte y su sur. Les llamaba la atención ver en las calles la presencia de una cultura rockera, pues para Dumas y sus amigos eso era motivo de felicidad. Saludaban efusivos en las calles a cuanto pelilargo encontraban a su paso. Se sentían identificados y libres. Machala, no era lugar para esta "raza extraña" como ellos solían autodenominarse, allí abundaban los "gorgoteros" y "tirados a sabidos". En Machala eran juzgados, vituperados, satanizados y criticados por todos. Las personas “normales” no estaban acostumbradas a camisetas con calaveras o cruces invertidas o logos casi indescriptibles de alguna banda de rock duro. En Machala aún se vivía de las apariencias, como todo pueblo que se forja con el duro trabajo de sus habitantes pero que no ha desarrollado la visión de una convivencia social diversificada en donde sus habitantes expresan con libertad sus ideologías. Machala debía su prosperidad a las bonanzas de la naturaleza, pues era rica en cultivos de banano. De hecho, esto generó un título que hasta nuestros días permanece. Machala es La Capital del banano. Por supuesto, con aquella prosperidad económica aparecieron en la ciudad nuevas personas ricas, nuevas urbanizaciones, nuevos autos, nuevos lujos, nuevas necesidades pero viejas mentes que aún permanentemente deambulan por las calles de aquella ciudad, de aquel pueblo. Para Dumas y sus amigos toda reunión que hacían era parte del "underground", pues su cultura no era vista con buenos ojos y debían hacerlo casi en secreto. Un dicho reza: "Pueblo chico, infierno grande". Literalmente para Dumas, Machala era el infierno. Y ahora estaba en el Cielo, bueno en Quito, que casi es lo mismo, pues a esta ciudad la llaman sus habitantes cariñosamente: "La carita de Dios". Por supuesto, como en toda ciudad grande que tiene mucha población, existen mayores necesidades y diversidad de entretenimiento. Quito tenía su vida nocturna, sus bares, sus cantinas, sus casas de citas, sus rincones ocultos.

A Dumas siempre le había atraído lo oculto. Quito poseía en la noche ese poder mágico con que cuentan las ciudades grandes para atraer a sus visitantes.  Gente en las calles caminando de ida y venida, música en todos lados, risas y carcajadas son parte de la escenografía precisa que se presta para cualquier farra. Fue una noche salvajemente agotadora y excitante. En un solo día, Dumas y sus amigos desde que llegaron a Quito se habían desmandado en el alcohol con todo el ímpetu juvenil que en los años mozos pesan. Ellos habían despertado a La Bestia, pero prefirieron irse a dormir con una sonrisa en el rostro y dispuestos a que el siguiente día fuera mucho mejor que el anterior.

Despertaron casi al mediodía, el sol brillante de la capital entraba esplendorosamente por las grandes ventanas del departamento. La resaca era muy fuerte, nadie quería dejar la comodidad de sus camas o colchón tirado en el suelo, que para el efecto era lo mismo. Pero, sabían que las horas corrían y con ellas el día perece. Una ducha y unos analgésicos eran la vitamina ideal para poder continuar la aventura. Sin embargo, allí en plena ducha, Dumas comenzó a recordar la noche anterior. Inmediatamente vino a su mente la imagen de una mujer. Aquella noche, Dumas y sus amigos habían frecuentado una casa de citas. Allí conoció a Lucía, una mujer alta, blanca de ojos verdes, procedente de Manabí; ciudad cálida al oeste de Ecuador. Dumas ya había tenido experiencias con meretrices anteriormente, sabía que era un trueque casi mercantil de dinero por sexo. Sabìa que todo era un acto que tenía principio y un final inmediato. Pero aquella noche había sido distinta, pues nunca una meretriz le había hablado de la manera que lo hizo Lucía. Recordó haber hablado de la vida, del amor, de los gustos y preferencias, de la música, de los padres y hermanos, de los clientes; temas que por lo general sólo se hablan con alguien conocido o cercano. Jamás con desconocidos y menos en una casa de citas! Lucía le había hablado con dulzura, sinceridad y cariño, algo que Dumas extrañaba. No dejó de pensar en Lucía todo ese día.

Luego de pasear por Quito el resto de esa tarde, pensaron en seguir bebiendo, de hecho lo hicieron. Pero la juerga del día anterior había demandado muchos gastos, por lo que el dinero comenzó a escasear. “Hagámosle a una de pecho amarillo” exclamó Logan, en referencia a un licor barato con etiqueta amarilla que lo encontraban en cualquier tienda de barrio y que era apetecido por los jóvenes de la época, y que al mezclarlo con jugo de naranja promovía a interminables noches de juergas y diversión. Por lo tanto, los amigos siguieron con el cometido, ya era la última noche en Quito, ellos lo sabían, pero no querían aceptar la idea. No aún. Querían sacarle provecho hasta el final. En medio de la conversación, Logan se acordó que había dejado olvidado un documento importante en la casa de citas la noche anterior. “Momento perfecto” pensó Dumas. Era el momento de encontrarse con Lucía. Fueron a “Castillo Rojo” inmediatamente, preguntaron al guardia por el documento, este se los entregó  y salieron. Dumas esperó que sus amigos se alejaran y se acercó al oído del celador, preguntó por Lucía, este le dijo: “Se acaba de ir en bus a Manabí, viene la próxima semana”. Dumas agradeció la información, se retiró en silencio. No le dio importancia, pero casi sin percatarse en su interior se asentó una ausencia más. No lo admitió enseguida, siguió caminando.

Regresaron al departamento de Roberto, se sentaron a charlas y “pechos amarillos” comenzaron a desfilar, uno a uno. Dumas estaba pensativo, su mente divagaba en los acontecimientos de la noche anterior, apenas atinaba a reírse de las gracias y chistes que sus compañeros hacían. Todos estaban relajados y estaban listos para irse al otro día, dos días de libertad y diversión habían sido suficientes para distraerse y volver a la misma rutina que en Machala les esperaba. Aunque en el fondo, nadie quería regresar pues uno a uno fueron hablando de que les gustaría quedarse a vivir en Quito, hablaban de sus planes, proyectaban futuros, todos querían que sus fines de semanas fueran así. Dumas pensó mejor en ir a dormir, ya estaba "happy". 

Dumas se levantó en dirección al baño y se encontró que la puerta del mismo estaba cerrada. Alguien estaba allí. Tocó la puerta y nadie respondió. Su necesidad biológica requería respuesta. "Regar la maceta" se muestra preciso en esos casos de emergencia. Inevitablemente la sensación de relajación es clave para dar uso de la mente. Pensó claramente: "Quiero ir a dormir". Dumas sintió que alguien se acercaba, quiso apresurar y terminar. Se dio la vuelta y vio a una sombra gigante que le cubrió, una voz produjo carcajadas y lo poseyó.

Segundos más tarde, Dumas entró precipitadamente bañado en sangre a la sala del departamento, gritando y dando alaridos en un idioma diferente. Se rasguñaba a sí mismo con una mano mientras que con la otra rompía almohadas, luego un colchón que se encontraba en una habitación a lado del baño. Tomaba en sus manos un amuleto, un objeto extraño que denominaba con un nombre específico. Nadie le entendía. Logan lo tomó de los brazos y se puso encima de él para que no causara más destrozos, pedía a gritos que sus amigos ayudarán a controlarlo. Ellos lo hicieron. Logan que había asistido a unas reuniones espirituales hace unas semanas atrás, las cuales le habían ayudado por un brevísimo tiempo a recuperarse de su adicciones, recordó que también le habían enseñado a rezar. En ese momento rezó con todas sus fuerzas y colocó un crucifico que tenía en su cuello en el pecho de Dumas mientras expulsaba a aquello que estaba poseyendo a su amigo. Algo salió. Alguien entró. Nadie durmió, excepto Dumas. 

Al amanecer, Dumas se levantó y encontró a sus amigos mirándole fijamente. Ellos se mostraban horrorizados. Inmediatamente le ayudaron a levantarse, lo abrazaron y le contaron lo sucedido. Todos salieron  del departamento hacia el automóvil. El auto tomo ruta hacia Machala. El viaje de 9 horas de regreso fue el más largo de la historia, por lo menos para Dumas. Nadie habló en todo el trayecto de regreso, el silencio fue compañero de ese viaje. Nadie quiso hablar jamás. 

Dumas se bajó del automóvil para ir a su casa. Rosendo, le miró fijamente, señaló el hueso de muerto que había guardado en su chaqueta y le recordó: “Reza algunos padres nuestros, y el dueño del hueso, te concederá protección y buen augurio”. Dumas asentó con la cabeza y se fue.