De pequeño, siempre me llamaron la atención todo lo que tenía que ver con la acción, la música y el terror. De allí mi fascinación a las películas de acción y terror, y el rock. De muy chico comprendí, que la vida es más que acumular bienes y conseguir cosas, aunque la música que he escuchaba por ese entonces declamaba el estatus de rock star (fama y fortuna); pero sabía que eso había llegado como consecuencia y no como el anhelo desinhibido de conseguirlo por parte de los ejecutantes.
Creí por un tiempo, que la vida sólo se trataba de patear, dar puñetes, asustarse, rockanrolear y seguir adelante. Era muy ingenuo. Lo sé. Hasta que de lo oscuro de mi alma, me cansé de vivir la acción, comenzó a reclamar las ansias de dinero y éxito, tan anhelado. Pero en una vorágine de deseos y anhelos por cumplir, comenzó una lucha interna de saber quien soy, para que estoy aquí. El cristianismo que había abrazado desde los 18 años, luego de vivir una fuerte adicción a las drogas y alcohol siendo apenas un joven adolescente; se había convertido para mi en una religión, la que tantas veces había rechazado en el pasado. Comencé a cuestionar y dudar de la misma existencia de Dios, la oleada "atea" de nuestros tiempos me había alcanzado; allí estaba yo, sin descubrir quien soy y para que estoy. Negocios fallidos, trabajos frustrados, anhelos a pique e inseguridad laboral y económica tenaz. La vida me estaba demandando algo, quería que descubra quien soy y para que estoy. Y justamente allí, cuando aparecen los demonios del alma que sucumben a turbias negociaciones con el corazón, para simplemente dejarlo todo. dejar la existencia. Morir, se convierte simplemente en la única salida. Quizás las más cobarde de las salidas; sin embargo, es una opción.