Te aconsejaría que ¡Corras!,
te preguntaras ¿Por qué? o ¿Para qué? , te diré; yo soy el que duerme contigo
todas las Noches, el demonio que se encuentra en tus sueños y los forma en
Pesadillas, soy el que mira cada movimiento que realizas, seguramente estoy
contigo en este preciso momento, pero tranquilo no te inquietes, porque yo
percibo tus miedos…..quizás sigues sin recordarme, te daré otra pista.
Soy estatura promedio, tengo ojos, pero demasiados profundos, tengo
una enorme boca suficiente para tu tamaño, llevo las almas de mis victimas en
una maleta roja como el rubí, teñida con
las manos más bellas del pueblo, y con lágrimas, sangre y miedo, escurriendo de ella. Espero que con eso
me recuerdes…. ¿No?, pues te contare mi
historia.
Me encuentro en un pequeño pueblo al sur de Roma, donde el día es tristeza
y la noche eterna, donde hay miedo, donde la gente no tiene salida. Amaba ese
pueblo, era ideal, la mayoría de veces deambulaba por las noches y veía como
los alcohólicos salían de los bares, veía como católicos salían de la iglesia, veía
como la gente corría asustada, oía
llantos en los hogares, pero siempre iba a su casa, a mirar lo que hacía, a oír
lo que hablaba, a leer sus pensamientos,
si te preguntas ¿Quién es?
Ella era una dama, algunos la consideraban como la mujer más bella
del pueblo, su cabellera de un color único como el tronco del árbol más lindo
del bosque, sus ojos como dos esmeraldas que radiaban luz como estrellas en el cielo,
su piel de seda y sus labios rosa pálidos dignos de besar. Su nombre era Marie Stuart.
Se dedicaba a enseñar lengua española en una escuela, apartada del pueblo, la
escuela se llamaba “El Pacifico”, pero no quiero hablar de eso ahora. Prefiero
contarles que Marie tenía un secreto, el cual no lo revelaré tan pronto, solo puedo
decir que ella tuvo una infancia muy abrumadora, decían que hablaba sola con “un tal espíritu”…. En realidad me
encantaba conversar con ella; era una niña muy extrovertida. Nos encantaba
jugar a “Detrás de ti”, un juego que consistía
en que ella tenía que vendarse los ojos y contar hasta diez, mientras yo me escondía
y tenía que después que ella contara, aplaudir solo tres veces y luego tenía
que encontrarme, y asi pasábamos un buen
de tiempo juntos.
Una mañana fría, Marie agotada con pocas ganas de ir a la escuela a
enseñar, había percibido una extraña sensación. Marie percibió de pronto un
fuerte dolor en el pecho, mas no sabía ni bien que era, solo sabe que pasó de
un instante a otro. Preocupada sin rumbo se quedó en la casa, mientras llamó a
una suplente para su trabajo. Marie se acostó en su cama. Al poco tiempo, escuchó
que alguien tocaba desesperadamente la puerta, y ella corrió a revisar quién podría
haber sido.
Al abrir la puerta, se encontró con una niñita. Esta estaba
asustada y le dijo exaltada: ¡por favor, Déjame pasar!. Viene por mí- decía.
-¿Quién eres? Marie confundida le preguntó
La miró muy fijamente a sus ojos y le dijo: - Déjame pasar.
Marie asustada la dejó entrar a su casa, aunque no sabía quién era
o porque aquella niña estaba ahì. Viene por mí, Viene por mí…. Decía la niña
temblando de nervios.
Marie llena de pánico, lentamente, fue a su habitación, pues allí había
dejado el teléfono y más quería a llamar a la policía en ese instante, sin
embargo regresó con el teléfono en mano a donde había dejado a la niña, pero
ella ya no estaba allí. Marie comenzó a buscar por toda la casa, al minuto
estuvo en la parte de atrás de la casa. Encontró
a la niña muerta en su patio, angustiada en estado de pánico tomó a la niña y la llevó al hospital más cercano.
Los médicos del hospital se llevaron a la niña para ayudarla; fue
muy tarde, ellos solo confirmaron su muerte. Marie quedó abrumada.
Tres meses pasaron, y Marie sigue pensando en esa niña. Jamás supo
que sucedió aquel día. Solo recordaba el gesto de angustia de aquella pequeña al
pedirle auxilio. Un día de esos, Marie decidió ir al psicólogo pues no podía ni
siquiera conciliar el sueño, la angustia y la culpa que sentía de no haber
podido salvar a tiempo a aquella niña, la estaba enloqueciendo. La visita al médico
le ayudó por un momento a superar su crisis de nervios.
Marie de regreso a casa va pensando que las cosas pasan por alguna razón.
No sabía cuál era esa razón, pero sabía en el fondo que debía descubrirla. Al
bajarse del auto, sintió un escalofrío en todo su cuerpo. Se volteó a mirar la
carretera por donde vino y pudo reconocer la silueta de una niña. – Estoy loca,
pensó. Inmediatamente siente que entre sus dedos una pequeña mano, Marie salta
de susto y al regresar a mirar se da cuenta que la niña quien daba por muerta
estaba parada a lado suyo. – Tengo hambre, expresa la niña. Marie espantada
sale corriendo, tropieza con un objeto en el suelo que la hace perder el
equilibrio y cae sobre unas plantas desmayada. Horas más tarde, al abrir sus
ojos, Marie se puede dar cuenta que la niña todavía estaba allí. La miraba fijamente
con una cara angelical. Marie sintió una mezcla de paz y terror en esa mirada,
toma a la niña de la mano y la lleva a su casa.
-¿Quién eres? Le pregunta Marie a la niña, aun confundida por el incidente y por la
reciente aparición.
Ella no le contesta si no le muestra una foto, con su dedo apunta a
una niña, mostrándose así misma, y con tiza roja sangre, tacha a los dos
señores que la rodeaban, Marie al momento la abraza con todas las fuerzas y le invita a quedarse en su casa hasta
encontrar alguna explicación a lo que estaba sucediendo, la niña le estrechó la
mano y le dijo -Soy Emily mucho gusto. Marie sorprendida le da la mano.
Al día siguiente, apenas Marie regresó a casa, se dio cuenta que Emily
ya no estaba. Llamó apresuradamente a emergencias. Del otro lado del teléfono una
voz la interrumpe y le dice repetidamente: Marie ¿mataste a tus padres?.... rápidamente
cuelga la llamada. Toma su bolso y decide volver a la escuela, quizás Emily decidió
irla a buscar allá. Al entrar a la institución, un ambiente frio y pesado
comienza aparecer escalofríos en su cuerpo, en ese momento, uno de sus
estudiante le interrumpe bruscamente preguntándole:
-¿Por qué mataste a tus padres?
-¿Quién te dijo eso? Marie exaltada pregunta.
- Ese señor. Dijo el niño, apuntando a una sombra oscura.
Marie desesperada agarra al niño, le pega y grita: -Te largas a dirección.
Marie lo lleva a dirección. El niño completamente asustado empieza
a llorar sangre. La sombra o espectro empezó a seguirlo.
Marie continúo buscando a Emily, llena de miedo decide regresar a
casa.
Marie siente que una sombra oscura, algo como un espectro la
persigue, solo desea regresar a casa. A través de la ventana de su auto puede
ver que Emily enojada está fuera de su casa golpeando repetidamente la puerta.
-¡Déjame pasar! Grita Emily
- ¿A quién le gritas? Bajando del auto, pregunta Marie.
-A ese señor, no me deja entrar. Dijo Emily enojada.
Marie confundida abre la puerta y pregunta. - ¿Quién es? De pronto una
sombra oscura como la noche, un espectro con la mirada más profunda sale al
encuentro de ambas. Marie intenta alejar a Emily, pero ella lo evita, y camina
hacia la sombra. Marie se dirige a su cuarto toma de su velador una foto que allí
tenía. Comienza a llorar tristemente, pues
hasta ahora no puede creer que aquellas dos personas que están junto a
ella en esa imagen, pudieron ser arrebatadas violentamente de su lado cuando
era niña, llena de odio no puede dejar de culpar aquella sombra, por obligarle a
hacer lo que nunca quiso. La sombra siempre estuvo en ella, duerme con ella todas
las noches como un demonio que aparece en sus sueños y mira cada movimiento que
realiza. El espectro tiene estatura
promedio con ojos profundos y una boca suficiente para su tamaño. Lleva las almas de sus padres quienes fueron víctimas
en una maleta roja como el rubí, teñida con las manos más bellas del pueblo y
con lágrimas, sangre y miedo escurriendo
de ellas. La sombra ahora es clara. Tiene el rostro de Emily, Emily Benini. La
que un día decidió ocultar su pasado y decirle al mundo que era Marie Stuart la
profesora de lengua española del colegio “El Pacifico” ubicado en un lugar en donde
el día es tristeza y la noche eterna, donde hay miedo, donde la gente no tiene
salida. …¿Ahora me recuerdas? Estoy detrás de ti……
Danna Pazmiño Encalada
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