Con respecto a la posición de ciertos músicos sobre plantarse o no en el escenario para mostrar su posición política, surge una contradicción en estos días de sociedad líquida: confundir el pronunciamiento público con el compromiso real.
Y aquí hay una distinción fundamental para el debate: una cosa es la expresión política a través del arte y otra es el activismo político explícito del artista. Considero que un músico puede componer canciones contra la guerra, la corrupción, el autoritarismo, la desigualdad o los abusos del poder sin sentirse obligado a subir a un escenario para explicar su posición frente a un gobierno, un presidente o una corriente ideológica.
La canción ya constituye una forma de expresión y de posicionamiento crítico. No necesita necesariamente un discurso adicional para legitimarse. En el caso actual de James Hetfield de Metallica sobre su renuencia a dar discursos políticos en sus conciertos como otros "influencers" y la cancelación del mismo por muchos "indignados" del rock, puedo pensar en que canciones o quizás todo el disco "And Justice for All" cuestiona la corrupción de la justicia; "Disposable Heroes" del MOP aborda la instrumentalización de los soldados en la guerra; o la misma "One" expone las consecuencias devastadoras de un conflicto bélico. Son obras con un contenido social y político evidente, pero no obligan a James Hetfield a convertirse en comentarista político durante sus conciertos.
Ahora bien, también es legítimo que otro artista decida pronunciarse abiertamente. La contradicción aparece cuando pretendemos convertir una de esas decisiones en una obligación universal. Y aquí creo que se puede plantear una pregunta para un debate más profundo:
¿Queremos artistas con pensamiento propio o artistas obligados a demostrar públicamente que piensan como nosotros?
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